1. Confirmación temprana de la calidad de gran contribuyente
El primer paso, y uno de los más subestimados, es confirmar si la empresa o el grupo económico conserva la calidad de gran contribuyente para el año gravable 2025, que se declara en 2026.
La DIAN actualiza periódicamente este listado mediante resolución. Esta clasificación no solo define los plazos de presentación, sino también la intensidad del control fiscal y la frecuencia de las obligaciones formales.
Validar esta condición desde el inicio ayuda a construir cronogramas internos realistas y a asignar, sin improvisaciones, los recursos que exige el proceso de renta.
También te puede interesar: [Calendario tributario 2026] guía para pymes en Colombia.
2. Revisión anticipada de cierres contables y consistencia fiscal
Antes de pensar en formularios o fechas límite, es indispensable revisar que los cierres contables estén bien elaborados, claros y debidamente soportados.
En grandes contribuyentes, la autoridad tributaria suele cruzar estados financieros, declaraciones y reportes de información exógena. Cualquier inconsistencia, por pequeña que parezca, puede convertirse en un riesgo fiscal relevante.
Este es el momento ideal para revisar diferencias entre lo contable y lo fiscal, conciliaciones pendientes y los criterios utilizados en provisiones, estimaciones y deterioros. Aquí suelen esconderse más riesgos de los que parece.
3. Análisis de cambios normativos aplicables a la renta 2026
La normativa tributaria colombiana cambia con frecuencia, y los efectos de reformas, decretos y conceptos no siempre son evidentes a primera vista.
No basta con saber que existe una nueva norma; hay que entender cómo impacta la realidad concreta del contribuyente. Un ajuste normativo que parece menor puede modificar bases gravables, deducciones o tratamientos especiales.
Hacer este análisis con tiempo evita correcciones de última hora que suelen generar errores, estrés y decisiones apresuradas.
4. Validación de ingresos: reconocimiento, clasificación y soporte
El reconocimiento de ingresos es, sin duda, uno de los focos preferidos de fiscalización. En grandes contribuyentes, la complejidad de las operaciones hace que este punto sea especialmente sensible.
Conviene revisar criterios de reconocimiento, momentos de causación y la correcta clasificación fiscal de los ingresos. La coherencia entre contratos, facturación y registros contables es clave.
Además, es fundamental asegurarse de que el soporte documental esté completo, ordenado y disponible. Cuando la DIAN pregunta, el tiempo juega en contra.
5. Evaluación de costos y deducciones con enfoque probatorio
Los costos y deducciones suelen ser el primer frente de discusión en una fiscalización. No basta con que sean procedentes; deben poder probarse sin dudas.
Para la renta 2026, es recomendable revisar contratos, facturas, comprobantes de pago y demás soportes exigidos por la normativa vigente. La falta de pruebas adecuadas puede terminar en rechazos costosos.
Esta revisión anticipada permite depurar información y corregir debilidades antes de que se conviertan en un problema mayor.
6. Revisión de operaciones con vinculados y precios de transferencia
Si la empresa realiza operaciones con vinculados económicos, este punto merece una atención especial.
La declaración de renta debe ser coherente con los estudios de precios de transferencia y con la información reportada en las obligaciones formales relacionadas. Las inconsistencias en este frente suelen activar revisiones especializadas.
Un análisis previo ayuda a reducir riesgos y a preparar, con calma, argumentos técnicos sólidos ante eventuales requerimientos.
7. Análisis de pérdidas fiscales, descuentos y beneficios tributarios
Las pérdidas fiscales acumuladas, los descuentos tributarios y otros beneficios no son automáticos ni eternos. Su aplicación exige cuidado técnico.
Antes de la renta 2026, conviene validar su correcta determinación, los límites aplicables y la existencia de soporte suficiente. Un beneficio mal aplicado puede convertirse en un ajuste significativo.
Revisarlos con anticipación evita sorpresas desagradables más adelante.
8. Conciliación entre renta y reportes de información exógena
La información exógena es una de las principales herramientas de cruce de datos de la DIAN.
Por eso, la coherencia entre lo reportado en exógena y lo que se declarará en renta no es negociable. Las diferencias suelen generar requerimientos automáticos.
Esta conciliación debe hacerse antes de los vencimientos, no cuando ya es demasiado tarde para corregir.
9. Planeación de flujos y provisiones para el pago del impuesto
La renta no es solo un ejercicio tributario; también tiene un impacto financiero directo.
En grandes contribuyentes, estimar con anticipación el valor del impuesto permite planear flujos de caja y provisiones contables. Esto evita tensiones innecesarias en los meses de pago.
Un cálculo preliminar bien estructurado facilita decisiones estratégicas a nivel gerencial.
10. Definición de responsables y cronograma interno
Un error frecuente es dejar la coordinación del proceso para el final, cuando el tiempo ya apremia.
Definir responsables claros, fechas internas y puntos de control marca la diferencia. La renta 2026 debe tratarse como un proyecto, no como un simple trámite.
Este enfoque reduce reprocesos y mejora notablemente la calidad del resultado final.
Apoyo especializado en la preparación de la renta 2026
La complejidad de la renta para grandes contribuyentes hace muy recomendable contar con acompañamiento técnico especializado.
En Consultores y Asesores Cadavid estos procesos se abordan de forma integral, alineando contabilidad, tributación y cumplimiento normativo.
Un análisis preventivo y estructurado permite llegar a los vencimientos con información sólida y una menor exposición al riesgo fiscal.
Conclusión: la renta 2026 se gana antes del calendario
Para los grandes contribuyentes, la renta 2026 no debería afrontarse de manera reactiva.
La verdadera diferencia está en la preparación previa: revisar, analizar y corregir con tiempo. Este enfoque no solo reduce riesgos, también fortalece la posición del contribuyente frente a la DIAN.
Anticiparse, sin duda, sigue siendo la mejor estrategia de cumplimiento tributario.


